Como preparación a la cuaresma, en esta ocasión, la oración fue un vía crucis de doce estaciones, preparada por los chicos y chicas de catequesis de esta parroquia de Logroño.
martes, 12 de marzo de 2013
martes, 5 de marzo de 2013
Oración del Buen Samaritano
Jesús, buen Samaritano,
que viviste aliviando el sufrimiento de quienes encontrabas en el camino,
como expresión de la misericordia del Padre.
Nuestro mundo arde en deseos de eternidad,
pero el camino de la vida es largo y tortuoso:
hay violencia, desgracia y desesperanza.
Nuestro mundo sufre.
Ayúdanos a bajar a lo profundo del corazón,
donde habitan las carencias y se descubren las necesidades,
donde se escucha el grito del dolor,
la voz de quien sufre y necesita.
Danos entrañas de misericordia,
para que no demos rodeos ante los que sufren
y sepamos caminar con los ojos abiertos
para ayudar a quienes nos necesitan.
Haznos, Señor,buenos samaritanos
para que el mundo descubra en nuestra vida
el rostros misericordioso del Padre.
que viviste aliviando el sufrimiento de quienes encontrabas en el camino,
como expresión de la misericordia del Padre.
Nuestro mundo arde en deseos de eternidad,
pero el camino de la vida es largo y tortuoso:
hay violencia, desgracia y desesperanza.
Nuestro mundo sufre.
Ayúdanos a bajar a lo profundo del corazón,
donde habitan las carencias y se descubren las necesidades,
donde se escucha el grito del dolor,
la voz de quien sufre y necesita.
Danos entrañas de misericordia,
para que no demos rodeos ante los que sufren
y sepamos caminar con los ojos abiertos
para ayudar a quienes nos necesitan.
Haznos, Señor,buenos samaritanos
para que el mundo descubra en nuestra vida
el rostros misericordioso del Padre.
lunes, 25 de febrero de 2013
En el Hospital San Pedro
Aquí tenéis la foto de nuestra oración del mes de febrero en el hospital San Pedro, que nos organizaron los jóvenes de la Parroquia de San Pío X.
viernes, 8 de febrero de 2013
Una experiencia de retiro
El fin de semana del 26 y 27 de
enero tuvimos un retiro, los jóvenes de la Diócesis de La Rioja, con nuestro
obispo D. Juan José. Un retiro es un momento de descanso y de diálogo con Dios,
en el cual ponemos nuestra vida delante de Él para mirar en lo que vamos
creciendo cristianamente y en lo que tenemos que mejorar.
El tema principal era “la
oración”. Tratamos distintas formas de rezar y meditamos sobre la oración
principal de los cristianos, que es el Padre Nuestro. A media tarde nos
reunimos todos para celebrar el Sacramento de la Penitencia (la confesión) y
así reconciliarnos con nuestro Padre. La noche del sábado al domingo tuvimos
una adoración de la cruz y una adoración de la Eucaristía; cada uno de los dos
momentos fueron claves para poder rezar todos juntos lo que habíamos
descubierto a lo largo de todo el día. La adoración de la Cruz nos ayudó a ver
como Cristo Resucitado nos da su ayuda para poder anunciarle y nos pide que
seamos valientes. El retiro finalizó con la Eucaristía del Domingo, la cual fue
momento de dar gracias por haber estado junto a Dios en esos dos días y por
haber “puesto los motores a punto” para nuestro día a día.
La experiencia del retiro fue muy
positiva por parte de los once jóvenes, del sacerdote que nos acompañó y del
obispo que dirigió el retiro. Cada vez que nos juntamos en esta convocatoria
anual, nos damos cuenta que salimos con más ganas de volver el próximo retiro.
miércoles, 23 de enero de 2013
Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas...
Aquí os dejamos un trozo de nuestra última oración, os invitamos a que en la soledad de vuestra casa la volváis a releer:
“Maestro, te seguiré, a donde quiera que
vayas,
a
donde quiera que vayas, te seguiré”
Y Cuando te fuiste solo al monte, a orar,
yo dije: ¡qué aburrido! es de noche,
tengo sueño
y además hay un buen programa en la
tele.
Y cuando te fuiste al Huerto a sudar sangre
yo me puse a temblar y di la vuelta:
eso sí que no, yo no valgo para
enfrentarme
al dolor, es superior a mis fuerzas.
“Maestro,
te seguiré, a donde quiera que vayas,
a
donde quiera que vayas, te seguiré”
Y cuando cargaste la cruz en tus espaldas
yo la vi pesada... y no puedo cargar
pesos,
tengo la piel fina y delicada.
Y cuando tú dijiste que era estrecho el sendero
y escarpado, yo leía que la
comodidad
y la facilidad eran valores hoy en
alza.
“Maestro, te seguiré, a donde quiera que vayas,
a donde quiera que vayas, te
seguiré”
Y cuando te clavaron las manos y los pies
alguien me susurró al oído: libres,
mejor libres,
en este tiempo no hay esclavos, eso
no se lleva.
Y cuando afirmaste que tu comida era
hacer la voluntad del Padre
yo recordé el restaurante de la
plaza
donde se come muy bien.
“Maestro,
te seguiré, a donde quiera que vayas,
a
donde quiera que vayas, te seguiré”
Y cuando me pedías: véndelo, déjalo todo,
me pareció imposible, de la noche a
la mañana,
desprenderme de tantas cosas buenas.
Y cuando decías: el que encuentre su vida
a perderá, el que pierda su vida por
mí, la encontrará,
yo respondí que no estaba para
adivinanzas o acertijos.
Te fijaste en mí de nuevo. ¿Qué pasó?
“Ven y sígueme”, insististe
nuevamente.
Y esta vez dije que Sí:
Te seguiré a donde quiera que vayas.
y empecé a seguirte, ya lo ves.
“Maestro,
te seguiré, a donde quiera que vayas,
a
donde quiera que vayas, te seguiré”
lunes, 21 de enero de 2013
viernes, 11 de enero de 2013
Ejercicios de oración
II. Lectura meditada
Decía Santa Teresa: “Estuve
catorce años que nunca pude tener meditación sino junto con lectura”, y
añadía ella que a no ser enseguida de la comunión no se atrevía a entrar en
oración si no tenía el libro en la mano y si no lo tenía sentía el miedo o la
inseguridad de quien tiene que enfrentar un ejército. El tal ejército era,
naturalmente, el enjambre de distracciones e imaginaciones.
“Una vez con el libro en la mano,
continúa ella, quedaba consolada y
tranquila, como si el libro fuera un escudo de defensa”. Sólo con abrir el
libro sus pensamientos entraban en orden, dice. A veces leía poco, otras veces
leía mucho, según los estados de ánimo.
La meditación es una actividad mental en la que se manejan conceptos e
imágenes explicando, aplicando, combinando diferentes ideas a fin de descubrir
la intención del escritor sagrado, profundizar en la vida divina para formar
una mentalidad, armar criterios de vida y juicios de valor.
No es fácil meditar. Al mismo tiempo que la mente va y viene, tiene que
ser una actividad controlada y ordenada. También aquí necesitamos un lazarillo
o unas muletas, esto es, un apoyo. Y el apoyo es la palabra escrita y el método
es la Lectura meditada. Ella consiste en que la palabra escrita sujeta la
atención y la conduce por los senderos de una reflexión ordenada. Tiene que ser
un libro cuidadosamente seleccionado que no disperse sino concentre, que ponga
y mantenga al alma en la presencia. Naturalmente el libro de los libros es la
Biblia.
También aquí el ideal sería que cada uno tenga hecho su estudio
personal, saber dónde están los grandes fragmentos, por ejemplo, sobre la fe,
la consolación, el amor, la precariedad de la vida, grandes momentos sobre
Jesucristo, etc. Estar uno mismo familiarizado y saber cuáles son aquellos
capítulos que a mí me dicen mucho.
Antes de iniciar la lectura meditada es conveniente saber exactamente
sobre qué tema quieres meditar o en qué capítulo de la Biblia. Toma una
posición adecuada y después de pedir la asistencia al Espíritu Santo, comienza
a leer despacio, muy despacio. En cuanto lees, trata de entender lo leído,
captar el significado natural de la frase en su contexto y también la intención
del autor sagrado. Si aparece alguna idea que te llama la atención, para ahí. Y
después de entenderla, da vueltas en tu mente a esa idea, mírala desde una
perspectiva y otra y después aplícala a tu vida.
Si no sucede esto, continúa leyendo despacio, entendiendo lo que lees.
Si aparece un párrafo que no lo entiendes, vuelve atrás, haz una amplia
relectura para colocarte en el contexto, y en el contexto trata de entender ese
párrafo.
Prosigue leyendo lenta y atentamente. Si al meditar en algún momento se
conmueve tu corazón y sientes ganas de aclamar, agradecer, suplicar, etc. da
rienda suelta al corazón. Si no sucede esto, prosigue leyendo lentamente,
entendiendo y rumiando lo que lees. Si un pensamiento determinado te impacta
fuertemente, cierra el libro, da muchas vueltas a esa idea, aplícala a tu vida,
saca las conclusiones, hasta que hayas agotado toda la riqueza que dicho
pensamiento encierra. Si no sucede esto prosigue con una lectura reposada,
concentrada, tranquila.
El ideal es que la lectura meditada impulse al alma a la presencia de Dios. Es normal que la meditación acabe en oración. Procura, también tú, hacerlo así. Procura, además, que esta lectura meditada desemboque en criterios concretos de vida para ser utilizados a lo largo de ese día.
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